Una buena causa

Hay el pensar ocioso que decía Unamuno: pensar en hacer, pensar en hacer…para no hacer nada. Y añado yo el hacer ocioso: voy a hacer, voy a hacer…para no hacer nada.

Muy típico pasar de las cosas hasta que son hechos consumados, y entonces, aunque sea tarde, quejarnos. O, aún peor, hacer la vista gorda ante algo, y sólo reaccionar cuando nos afecta o perjudica, que es cuando esa situación debería ser intolerable para todos.

Hay un proyecto bueno para Santander, malo en su ejecución. Y los ciudadanos tenemos la oportunidad de influir en el mismo: http://ceboasino.blogspot.com/

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TREINTAYNUEVEYORK

Esta entrada al blog podría versar de muchas cosas, o de ninguna. Podría intentar reflejar alguna de las múltiples facetas de una isla encantada, o quedarse en un simple batiburrillo. Y como he planeado escribirlo, pero no sus contenido, me pongo a improvisar mi sexta, o séptima, o quizá octava, estancia en NY (o, por mejor decir, Manhattan). Y es que cuando pensamos en esta ciudad, no pensamos en Brooklyn, o en Queens, o en el Bronx o en Staten Island (sus otros cuatro “boroughs”); y es que cuando sus habitantes van de alguno de éstos a Manhattan, ellos mismos van a la “city”.

Nunca es necesaria una excusa para ir, o para volver, pero en este caso, teníamos dos : una Maratón (o dos) y un cumpleaños. Y nunca dos días son iguales en una ciudad tan apasionante como extraña.

Manhattan es un milagro fruto de la voluntad de sus fundadores y habitantes a lo largo de cuatro siglos, como si estuvieran predestinados a una misión, como si fueran conscientes de su contribución necesaria a la nueva Babilonia. Cuando se asentaron los holandeses, encontraron una isla no demasiado hospitalaria, así que se concentraron alrededor de un pequeño fuerte en su punta Sur. Nueva Amsterdam no alcanzaba más allá de la actual calle del Muro o de la Muralla (Wall St). Hacia el Norte, flanqueado por dos ríos, una colina en permanente cuesta llena de bosques salvajes, cuyos vestigios podemos adivinar en Central Park. Y su clima. Ese frío duro, ese viento amachetado, esas nevadas a pie de mar. Ese clima que nunca me he explicado cómo puede ser tan seco y húmedo a la vez, pero que apenas llegar ya reseca la piel, mientras que penetra el frío hasta el tuétano.

Llegaron los ingleses y tomaron posesión de Nueva Amsterdam, ya Nueva York, pero no echaron a los holandeses; éstos siguieron siendo una elite influyente hasta bien entrado el s.XIX, cuando aún conservaban el idioma en sus círculos íntimos, y como sistema de preservar su identidad . Familias egregias como Van Buren o por supuesto los Roosevelt; toponimia en Brooklyn, Bronx, Ha(a)rlem…. y Manhattan. Sólo entonces fueron barridos por olas de emigrantes europeos huyendo de la miseria y hambrunas decimonónicas;  algunos prosperaron y abanderaron el desarrollo económico y cultural de la ciudad: el escocés Carnegie o el alemán Astor, que básicamente compró todos los terrenos al norte de la calle Houston hasta Central Park. Y en este época llegaron esos irlandeses que aportaron un acento peculiar al inglés, y cuyos descendientes aún son mayoría entre los policias y bomberos de la ciudad; y después, los italianos, cuyo hablar también influyó al idioma, y cuya gastronomía está en el corazón del comer neoyorquino. Y después, los judíos. Y por supuesto los chinos. Y los puertorriqueños como abanderados de los numerosos latinos. Y en las últimas décadas indios, etíopes, árabes…. La sede de la ONU está en la ciudad más cosmopolita del mundo.

Y la más vital. Donde uno se puede cruzar por la calle con Paul Newman, conocer a una bruja en un bar, o ser evacuado del metro por el vagón delantero del tren. Y en cuestión de horas.

Lo más extraordinario, e intrigante, es que Manhattan, objetivamente, no es precisamente un botón de buen gusto. No es París, no es Viena, no es Londres. Es una Roma moderna, una amalgama de estilos, una superposición de edificios, una falta de armonía que funciona perfectamente, un caos que tiene sentido. Hay edificios, y puentes, y avenidas, formidables. Y en la misma visión barbaridades urbanísticas de Juzgado de Guardia. Pero funcionan. Como funciona un sistema de Metro que en su día hubo de ser una pasada, pero que hoy se cae literalmente a trozos. O sus alcantarillas, que cualquier día reventarán de una presión que llevan al límite. O sus minúsculos apartamentos, tan caros como obsoletos en sus equipamientos. O sus calles, no siempre un ejemplo de limpieza. O su tráfico, infernal y ruidoso. O su asfalto, que agradecería bastante más mantenimiento.

Pero a pesar de todo, engancha y siempre esconde más cartas bajo la manga, para tu próxima visita. Aquélla para la que no necesitas excusas, aunque te las pongas, y decidas ver a buenos amigos, seguir a tu mujer por toda la ciudad mientras corre una Maratón sin igual en el mundo, o celebrar tu último cumpleaños que empieza por el número tres. Porque total, sólo se es es treintaynueveyork una vez en la vida.

 

 

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Gracias, Gaddafi

Ya difunto Coronel Gaddafi, muchas gracias por haber sido apresado y linchado el mismo día que un grupo de asesinos, extorsionadores, secuestradores y ladrones insultó, nuevamente, a una sociedad entera.

Y hay que darte las gracias porque desde ese mismo instante, has copado la información internacional en este país; y a pesar de haber intentado encontrar en alguna de las principales cadenas de televisión la más mínima mención a la pantomima que se está llevando a cabo en España, no he visto ninguna alusión, ni de pasada, a este “comunicado”; lo que, aparte de no decir mucho de la información internacional de la CNN o la FOX – ya lo sabía – al menos me ahorra el bochorno.

Que con España los terroristas, con boina o chilaba, se acostumbren a imponer sus condiciones, a chulearnos, y a llevarse todo a cambio de nada, empieza a ser normal, al igual que lo es hacer como el avestruz. Pero de ahí a saludar este “cese definitivo de la violencia” como una nueva y definitiva etapa del chantaje etarra a mí me parece una excelente muestra del calibre moral de la sociedad española en general, y de la vasca en particular.

La situación no ha cambiado en nada respecto a hace dos semanas por parte de los malos, que siguen saliendo con capuchas y con sus bombas y pistolas escondidas. Desgraciadamente, sí que ha cambiado por parte de los buenos, que sin contrapartida alguna,  les hemos dejado presentarse a unas elecciones que les han dado un poder político y económico que antes nunca tuvieron; se les va a dejar tener representación en el Parlamento (que debería ser el templo de la palabra y la convivencia pacífica, no de los que apoyan su aniquilación); ya se habla de acercamiento de presos enfermos, de oficinas de reinserción de los terroristas, de “nuevos escenarios políticos” para el 2015.

Pero los malos siguen siendo malos, muy malos, y saben que en España, serlo puede salir barato, y esperemos que no gratis. ¿Para qué pedir perdón, para qué entregar las armas, para qué responder ante la Justicia, y pagar con la cárcel?. ¿Por qué hay delitos que van a gozar de impunidad? ¿Va a resultar que en España sí que hay presos políticos, por tanto merecedores de (otra) amnistía; y presos comunes sobre los que cae justamente el peso del Código Penal?

¿Va  haber un trato preferencial para los delitos de un etarra respecto a los de otro delincuente que no se envuelva en delirantes pretextos ideológicos?

Si en una pareja un cónyuge engaña al otro repetidamente, ¿hasta cuándo va a seguir creyendo que “te prometo que nunca más”? Pues llevamos más de diez “treguas” (y una amnistía) y siempre han servido para lo mismo: reforzarse y burlarse de la generosidad de una sociedad cada vez más cobarde y relativista. Conmigo, que no cuenten, Coronel.

Que indiquen dónde están sus arsenales; que den la cara y no la capucha; que se entreguen en la Comisaría de la esquina; que admitan sus delitos y contribuyan a aclarar la autoría de aquello sumarios inconclusos; que pidan perdón público por los horrores de medio siglo (aunque yo personalmente no me creería su arrepentimiento, que las palabras se las lleva el viento). Y entonces ya hablaríamos.

Pero hasta entonces, Coronel, yo no me creo nada; igual que no te creía a ti cuando te disfrazaste de corderito. Igual que no me creo que los que te van a suceder en el próximo (des) gobierno de Libia vayan a mejorarte. Disfruta de las huríes.

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Radiografía de una boda norteamericana (y sureña)

Cuando uno asiste a una boda católica, como es el caso que voy a relatar, al ser la liturgia idéntica, puede seguir la celebración perfectamente aun desconociendo el idioma. Sin embargo, hay una serie de diferencias formales en la ceremonia, y sobre todo, muchas más en el aspecto social de estos enlaces, insisto, católicos, pues no he ido todavía a una ceremonia baptista, protestante o mormona, aunque en breve iré a una judía (a relatar entonces). Y por último, si una boda es un dispendio considerable en cualquier sitio, para invitantes e invitados, aquí aún lo es más. Business is business….

El equivalente  a nuestros “testigos” son los llamados “bridesmaids” o damas de honor, por parte de ella; y los “groomsmen” por parte de él. He preguntado si la novia puede tener también a varones en su parte, y el novio a mujeres, pero la única respuesta que he recibido, aparte de miradas de extrañeza, son del estilo “buena pregunta”, o “nunca lo he visto”, o “sería muy raro” o el muy socorrido “interesting”, palabra comodín sobre la que algún día debería de escribir, ya que vale para todo y no significa nada. Generalmente suelen ser cinco o seis, y van encabezados por la “Maiden of Honor” y el “Best Man” respectivamente : la Dama de Honor y el Mejor Amigo.  Bien, he querido empezar por estos conceptos porque, como se irá viendo, tienen bastante importancia en una boda americana, mucha más que los testigos en España, que al fin y al cabo, nos sentamos con nuestro chaqué en una bancada lateral, firmamos al final de la misma, un abrazo al novio, beso a la novia y poco más.

Todo comienza cuando los novios se comprometen, y se gasta el palomo un pastón en el anillo de compromiso, que en este país es todo un símbolo del status social, ellas lo miran, presumen y comparan con amigas, compañeras y sobre todo enemigas; ellos disimulan el dolor genital de haber tenido que invertir dos o tres mensualidades de su sueldo (así está establecido) en una roca generalmente más suntuosa que estilosa para mi austero gusto, fijan la fecha y nombran a sus “testiggos” (usaré el genérico español para aludir a las Bridesmaids y Groomsmen).

Como en España, la primera urgencia es poner fecha a las despedidas de soltero respectivas, o “Bachelor Parties”, que en el caso de ellas va del palo ir a un “spa”, manicura y peluquería, cócteles en un sitio caro, o a ser posible, el más caro, de la ciudad,  cena en restaurante fashion o mega-fashion-kardashian y más cócteles. No es raro el alquiler de una limusina para moverse de un sitio a otro sosteniendo la fiesta. Teniendo en cuenta que el plan lo define autocráticamente la homenajeada, que la verdad no sé si paga, como una tenga la desgracia de tener una amiga con pretensiones, o adicta al “Desperate Housewives of Dallas”, y que encima monte el sarao en la otra punta del país, la minuta del vuelo + hotel + juerga se planta en un Congo. Business.

Ellos se plantean planes similares, aunque también se estila alquilar una granja y estar todo el fin de semana jugando al beisbol, haciendo barbacoas y bebiendo alcohol con jueguecitos de esos de “quien pierde bebe”.

Ni ellos ni ellas comentan si hay “boys”, “girls” o cosas más atrevidas. Tema tabú en este país, además de delito.

Adicionalmente, las mujeres tienen una tradición muy americana, que son las “showers”. En este caso, se llama la “bridal shower” (bride = novia), a diferencia de la “baby shower” (cuando una mujer se queda preñada), y consiste en que, un par de meses antes de la ceremonia, la madre de la novia, con sus amigas (de la madre), y si encaja con la suegra, la hacen una especie de merienda donde pasan un rato juntas, la conocen si es que va a ser la nuera, (en cuyo caso, además cotillean a saco), le dan un regalo a los novios (business), la dan consejos sobre la vida conyugal (???) y al final traen al futuro y hacen el típico juego de preguntas para ver su compatibilidad, cómo se conocen (y de paso, cotillear aún más) y pasar el rato.

Se acerca el día de la ceremonia, y al igual que en España, hay cierta libertad para elegir en qué parroquia suele hacerse, aunque la gente suele escoger o la más cercana, o alguna por motivos sentimentales. Pero aquí, además impera el sentido de la “comunidad religiosa”, y tienen muy a gala el pertenecer a una iglesia determinada, ser parte de sus actividades, hacer donaciones a la misma (y por ende, ser miembro destacado de la misma) y, como no, tener una relación estrecha con el cura, que de este modo siempre hará el típico “speech” diciendo lo bien que conoce a esta familia desde hace la intemerata, cómo recuerda a la novia o novio desde que eran bebés, qué ejemplo de familia que no fallaba a una misa, y lo involucrados que estaban en sus actividades parroquiales; cosas todas ellas que suman muchos puntos como ciudadano ejemplar en este país, que es el que más devotos declarados tienen de Occidente, y donde declararse “no creyente” (la palabra “atheist” está casi proscrita) es pasaporte para el batacazo social, profesional y no digamos público-político.

(Que no se me pase apuntar que aquí la financiación de cada parroquia se basa, fundamentalmente, en las aportaciones de sus feligreses, de tal modo que suelen tener colgadas en el tablón de anuncios una relación de ingresos, gastos y….resultado de las inversiones que hacen. Una vez más, business, éso sí, con luz y taquígrafos. Y suele haber bofetones para ser parte del Comité de Gestión).

En paralelo a las gestiones previas a la boda, ya sabeis, elección de menú, lloverá o no, recorte del número de invitados etc, hay otra característica muy americana: los atuendos de los “testigos”. En ésto, nosotros lo tenemos más sencillo, se alquila un “tuxedo” (o chaqué – atuendo horroroso para mi gusto), cuyo estilo y tienda decide el novio, se paga, se usa, se devuelve y punto. Business. Pero ellas…..

Las “bridesmaids” tienen que ir emperifolladitas iguales, igualitas; el mismo traje, corte, color y tela. Todas se lo hacen en la misma tienda, y por supuesto, el estilo y por tanto el coste, lo decide la novia, que es la que tiene claro cómo quiere que vayan sus mejores amigas. Huelga decir que el vestidito es largo, de escote “palabra de honor”, y en muchas ocasiones con un color imposible. Y huelga aún más decir que es de un único uso, o sea, que no hay Dios que lo pueda arreglar para ponérselo en otras ocasiones. Podeis imaginar, e imaginar bien, que hay detrás de ésto un negocio increíble, de cadenas dedicadas a ésto, y con unos precios algo inflados. Toma business y más business. Y para que las fotos queden bien y las testigos queden bien en las fotos, deben de llevar el mismo ramo de flores, aunque ésto yo creo que lo paga la novia (o lo quiero creer). Vamos, que si hasta ahora ser elegido bridesmaid no es suficiente putada, todavía hay más gastos venideros.

Llega el fin de semana de la ceremonia, que, pongamos, es un Sábado por la tarde, que aquí significa a las tres de la tarde, cena a las cinco, y baile hasta las nueve. Pues el sarao comienza el mediodía previo, cuando la novia, su madre, su suegra, y las “bridesmaids” (no hay hombres) se van a comer juntas (sigue el business) y la novia, según me cuentan, aparte de no probar mucho bocado, no sea el vestido nupcial no encaje al día siguiente, da el típico discurso agradeciendo a las presentes que sean sus damas de honor, a su madre reconocer lo estupendísima madre que ha sido, y pelotear a la suegra.

Posteriormente, por la noche (perdón, tarde), se inicia la llamada “rehearsal dinner”, en donde los testigos y familia inmediata de ambos contrayentes ensayan la liturgia completa de la misa, ahorrando las oraciones, y luego se van a cenar.

Funciona más o menos así: recepción en la Iglesia por parte del sacerdote que va a oficiar, y de la coordinadora del evento (que es como la MC, o maestra de ceremonias). Ambas figuras respectivas tienen sentido, si lo pensamos, en un páis donde hay muchas religiones distintas, y no no todo el mundo tiene por qué conocer la liturgia católica; y donde a veces ciertos rigores o convencionalismos son obviados. Nos explican que se trata de repasar y ensayar los roles de los principales actores e invitados para que todo salga bien, y por supuesto, viene precedido de una plegaria y bendición para que todo salga bien. Se explican los sitios de cada uno en el banco, el orden en el que se tiene que entrar, como cada bridesmaid con su groomsman deben ir del bracito, inclinar la cabeza ante el altar, e ir cada uno a su lado del altar. Cómo ellos tienen que comportarse: nada de “high fives” (chocar manos al estilo NBA), y la mano derecha sobre la izquierda a la altura de la hebilla. Quién lee qué, cuándo toca, y por supuesto, explicación de en qué consiste la Comunión, la imposibilidad por parte de los no católicos de recibirla, pero se les ofrece recibir una bendición si acuden con los brazos cruzados sobre el pecho. Y en qué orden se sale del templo: novios, seguidos de las bridesmaids y sus groomsmen con una cierta cadencia, luego padres de ellos y ellas, abuelos (si los hay), hermanos y resto de invitados. Finaliza la MC dejando muy clarito, pero que muy clarito, que en vísperas de la ceremonia no se bebe nada de alcohol, ni siquiera una miserable “Bud Light” (para quien considere ésto ya no digo alcohol, sino simplemente cerveza), ni tomar chupitos en el parking de la parroquia, ni nada. Que como alguien se presente bebido, ella le vetará el acceso, si bien aquí no me queda claro si ésto lo aplicaría también sobre los contrayentes.

Posteriormente llega el momento de la cena, donde se unen los consortes respectivos de los testigos, y que, por supuesto, viene precedida de una nueva, adicional y nunca suficiente, oración y bendición del cura, que en el caso presente, no debía de ver pecado venial alguno en el uso mundano de los placeres del vino y del escocés, a juzgar por su predisposición a los mismos al comienzo de la cena, y su conversación y aliento al final de la misma.

Para aquellos familiares y amigos de las familias que no están invitados a la “rehearsal dinner”, los padres de los novios habilitan sendas habitaciones en el hotel llamadas “hospitality rooms”, donde ofrecen catering y bebida para que se conozcan, se saluden y fomentar el ambiente festivo. Más business, aunque debo de decir que es una buena idea digna de ser imitada.

El día del evento, y a pesar de la prohibición de la MC acerca del tema de soplar, la hospitality está a tope de gente, mientras que las bridesmaids, novia, madre y suegra pasan la mañana en la manicura, pedicura y peluquera, ya que, además de los mismos trajes y ramos, las bridesmaids deben de llevar el mismo moño, coleta o tirabuzón. Que no decaiga el business. Posteriormente, va cada una a vestirse, pero quedarán todas juntas, con la novia, para acudir juntas a la iglesia, en donde el párroco ha habilitado una habitación especial para que esta llamada “bridal party”, pasen sus últimos momentos juntas, esos momentos de recuerdos, rímel corrido y enjuague con el kleenex. Esos retoques finales, y nervios de última hora; ese arcón con maquillaje, imperdibles y complementos de repuesto, por si acaso.

Comienza la boda, con la ceremonia ensayada y el desfile descrito, que es muy parecida a la española, con tres diferencias:

1- el novio espera en el altar, pero la madre no le pasea previamente.

2 – los testigos respectivos van yendo y viniendo de sus bancos a los laterales del altar en diferentes momentos de la ceremonia, compartiendo protagonismo con los novios y el cura (es algo mareante, la verdad)

3 – cuando se les declara marido y mujer, sí que hay beso, y es costumbre que haya ovación por todo lo alto, que les acompaña mientras salen de la iglesia.

Tras la ceremonia, las fotos de rigor (se llevan más los testigos que las familias), en donde la MC controla rigurosamente quién se coloca dónde, con extrañas poses de 45 grados, por cierto; y  nos recuerda que siendo éso un templo, quien durante las fotos haga el simio más de la cuenta, se va a la calle, sin excepción (testigos y familias).

Los invitados van a la cena, cada uno por su cuenta, excepto la ya pareja y sus testigos, que tienen un autobús para ir ellos juntos, comenzando la fiesta camino del restaurante con ayuda de unos bidones con hielo, cervezas y destilados. Y sí, ésta “bridal party” llegará la última al local, cuando el resto de asistentes ya está más o menos acomodado y canapé en mano, y entonces, en la nación del espectáculo, hay que hacer las cosas coherentemente. Es decir, que el MC de la cena (que no es la MC de la ceremonia, cuya función ya ah terminado), agarra el micro, da la bienvenida, felicita a los padres de los novios, y da paso a las parejas de bridesmaids y groomsmen, aullando sus nombres igual que los speakers de la NBA, y éstos van entrando hacia la pista de baile, donde los sucesivos son esperados por los previos, y recibidos con “high fives”, saltitos chocando el pecho tipo Milli Vanilli “Girl You Know it´s True”, y pasillos con choques de manos a la altura de las espinillas. El clímax, lógicamente, es la llegada de los novios, que tras irrumpir y saludar como acabo de describir, se preparan para el baile nupcial, que no es el típico vals.

Estamos en el Sur de América, origen del blues, del soul, y la excelente banda de negros sureños arranca con un clásico de esta gran música americana (lo siento, pero no recuerdo cuál), tras lo que llega el turno del padre de la novia, que ha elegido otro clásico de la música sureña sesentera que no sólo baila con su hija, sino que hace “swings” y movimientos de pies al estilo Elvis.

El resto de los invitados se unen, al son de las canciones más conocidas de Ottis Reding, Marvin Gaye, Sam Cooke, Supremes, y en su descanso, llega el momento del discurso del Best Man, primero, y de la Maiden of Honor, después. establece la norma consuetudinaria que deben de tener un punto gracioso, con alguna anécdota, a ser posible no muy conocida, para captar la atención del respetable, que así lo espera; pero también un momento emotivo (en el caso de la Maiden, directamente lacrimógeno) que toque la fibra sensible. Debo decir que el testigo principal mantuvo el tipo, pero ella se derrumbó rápido y apenas pudo articular palabra entre sollozos y deseos de que pronta y fecunda descendencia (en el Sur si una mujer no está casada y con dos o tres churumbeles antes de los treinta, una es un caso raro, y de hecho todas ellas tenían a sus críos por ahí, y una estaba ya casi salida de cuentas, hinchadita en su atuendo de bridesmaid).

Y el resto, pues lo ya conocido; las copas, los bailes, los típicos que beben más de lo que metabolizan, los camareros que aguantan el chaparrón como pueden, y una gran fotografía de los contrayentes que sus invitados firman como recuerdo.

Y hasta aquí ha llegado esta prolija descripción de la desenfadada y diferente boda católica sureña; en dos semanas, una judía.

 

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Ya que no fue Emma, a ver si es Irene…..

El huracán “Emma” ni nos afectó, a pesar de las alertas; ahora están pesaditos con Irene, pero parece que va a tirar más hacia el Norte del país. Por si acaso, nuestra Comunidad de Propietarios tiene establecido un protocolo de actuación, que es…

 

Dear Plaza on Brickell Resident,

* * IMPORTANT HURRICANE ADVISORY * *

The National Weather Service (NWS) is projecting Hurricane Irene to approach the eastern United States approximately Thursday night, August 25, with catagory 2 or 3 hurricane force winds.  The City of Miami is in the Cone of Concern; therefore, The Plaza on Brickell strongly encourages Residents to be prudent and prepare now in the event Hurricane Irene’s takes a more overland and direct city path:

Below are important points to remember for Hurricane Irene or other Hurricanes:
1.  Develop a Plan of Action (POA)
2.  The Plaza on Brickell is located in a mandatory hurricane evacuation zone.
3.  Within 48 hours of a direct hurricane strike the City’s Office of Emergency Management (OEM) will issue mandatory evacuation notices to leave
the downtown area – so plan ahead where you, your family, and pets will go inland or out of State.
4.  The Plaza on Bricklell employees will be required to also evacute.
5.  Elevators will be out of service to protect from possible storm surges and electricity disruptions.
6.  Domestic water supplies will also be disrupted when Florida Power & Light (FPL) disrupts power during a hurricane.
7.  Remove all patio furnishings and plants from balconies and store indoors as these become projectiles.
8.  Fill your automobile with gas, keep additional cash available, and listen to radio and television reports for hurricane updates.
9.  Do not open windows and doors during a Hurricane or Tropical Strom.
10. Recheck your Homeowners and Renters insurance policy.  The Condominium’s insurance covers ONLY the building’s structure and not your contents and personal belongings.

Forecast Cone

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Temporada de lluvias

Miami tiene un clima tropical, muy parecido al de Bombay, Singapur, Bangkok o Kuala;  no hace frío en invierno ni mucho calor en verano. La humedad, el sol, el calor y las lluvias de temporada propician una vegetación exhuberante y con una manada de mosquitos con una mala leche y capacidad de supervivencia admirables.

Ahora, en plena época de lluvias, que aparte de chaparrones intensos y no muy largos, nos traen una bajada muy agradable de las temperaturas, es digno de observar cómo un día relativamente raso, o al menos poco encapotado, torna rápidamente en una amenaza de lluvia en el horizonte, que se desdibuja anticipando la descarga venidera (y en muchos casos, acompañada de una buena exhibición de rayos).

No suelen durar mucho, pues con la misma rapidez con la que llegan, y violencia con que descargan el agua, prosiguen su camino; pero lo que más me ha llamado la atención es que la frase “si es sólo una nube” es literalmente cierta; al igual que en los dibujos del “Coyote”, al que perseguía una nube ceniza con su agua, quedando el “Correcaminos” a salvo de ella, en estas tormentas pueden caer chuzos de punta sobre uno, pero ni una gota a dos manzanas. Y como muestra, una foto que acabo de tomar en la carretera, donde se aprecia claramente lo localizado de la precipitación (aunque parezca el hongo de Nagasaki).

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Cuponitis

Una de las páginas web más exitosas de los últimos años es “Groupon”, que en apenas tres años de existencia no sólo ha arrasado en los EEUU, sino que parece ser está teniendo bastante aceptación en Europa, España incluida. Su origen no es sino una acentuada característica del consumidor norteamericano, según he podido observar, y que he bautizado como la cuponitis.

Cierto es que en España, desde el desarrollo de las medianas y grandes superficies, durante los últimos veinte años, hay una gran cantidad de ofertas, descuentos, promociones, cabeceras de góndolas, destacados de lineal…. en lo que se negocia con los proveedores bajo el nombre de “folleto”, que son quincenales, y que todos hemos recibido en casa u ojeado en el Súper de turno.

Pero aquí es aún más exagerado y rige más acentuadamente la conducta del consumidor no sólo en el punto de venta, sino incluso antes.

Por ejemplo, no hay sólo un folleto, sino que hay varios en cada cadena distribuidora: el de las ofertas de la semana (con abundantes descuentos y promociones “2×1″); el de los cupones de la semana; y otro con miscelánea de ofertas. Y claro, cuando un determinado producto entra en promoción, la semana siguiente o en máximo dos, su más directo competidor ofrece una oferta cuando menos similar, lo que a su vez conduce a que el primer producto contraataque acto seguido. Es decir, que una vez que uno ha ido a hacer la compra unas cuantas veces, se da cuenta de que las ofertas de la cesta de la compra se tienden a repetir cada poco tiempo, y por tanto, ¿qué hace uno?. Pues el que ésto escribe espera a que llegue con puntualidad kantiana la promoción conocida y compro lo que calculo voy a necesitar hasta la siguiente, pagando en muchos casos el 50% del total.

Junto a estas ofertas de precio semanales, uno puede utilizar los cupones de la semana o los que se reciben por las más diversas vías. Por ejemplo, en el periódico de los Domingos, que está tan surtido de todo tipo de suplementos de las más diversas e inútiles materias, que en el caso del NY Times pesa casi dos kilogramos, Y uno de los apartados estrella de estos suplementos son las decenas de panfletos de cualquier tipo de comercio anunciando descuentos, liquidaciones y ofertas limitadas a la semana que comienza: electrodomésticos, alimentación, ropa, vehículos etc etc.

Otro modo de recibir esta información, por supuesto, en el correo. Es raro el día que como un autómata no se abre el buzón, se encuentran cinco o seis panfletillos, y se tiran a la papelera colindante. Y si uno se muda de casa, sin problema; aquí se notifica a “Correos”, y durante un año desvían automáticamente toda tu correspondencia a la nueva dirección; y de paso, te envían una carta de bienvenida que, habeis acertado, contiene más cupones-descuento: para hacer la compra y llenar la nevera; cambiar de tele; ruedas nuevas para el auto; descuentos en las aseguradoras y cualquier cosa que se pueda imaginar.

Lo bueno del tema es que uno se mete en la vorágine rápidamente, y acaba siendo uno más de los consumidores que, previo a ir a hacer la compra, lleva sus cuponcitos y busca las ofertas semanales. Y con gran orgullo e indisimulada satisfacción, busca el final del recibo donde pone la cuenta provisional, le resta el total de los descuentos, y descubre la frase mágica: “your total savings are…”

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