Mexicalia

Hay un país maravilloso que está muy lejos de Dios, pero demasiado cerca de los Estados Unidos; que tiene una gastronomía deliciosa mundialmente conocida, si bien pobremente exportada; con un legado cultural asombroso, tanto autóctono como colonial; donde a los españoles se nos trata de un modo casi reverencial; y donde lo mejor de todo, de largo, es su gente: divertida, contradictoria, servicial, remolona, ingeniosa y orgullosa.

Una anécdota: en una iglesia, como en todas por Navidad, el altar está dominado por un Nacimiento. Decenas de personas se acercan a verlo, o rodean, algunos incluso oran. Este país, abanderado por su Virgen de Guadalupe, tiene un catolicismo casi anclado en la época de la Conquista. Me abro paso y veo los ríos, pastorcillos, el Portal, las figuras…igualito que en España. Lo mismo.

Pero falta algo: o se han olvidado, o lo han robado.

¿DÓNDE ESTÁ EL NIÑO JESÚS?

¿Habrá una tradición diferente aquí? ¿Tras su nacimiento lo retiran? (estamos en vísperas de Nochevieja).

Pregunto a dos beatas a mi derecha; y a otras a mi izquierda. Pues es cierto, no está. Y no saben por qué no está.

Nadie, repito nadie, se ha percatado de su ausencia. Pero da igual, aunque se asombran, ahí se quedan, y más fieles se acercan. Así es ese gran país hermano.

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La historia del maldito clavo que me persigue.

Una de las cosas que más me molesta de este país es el posicionamiento general de la gente hacia los impuestos y su uso.

Bien, por principio, a nadie le gusta pagar impuestos, ni que se los suban; incluso, desde un punto de vista de Teoría Económica, está demostrado que una excesiva carga tributaria desincentiva la iniciativa mercantil (1). Pero también entendemos todos que una fiscalidad ajustada, equitativa, progresiva y bien gestionada es un beneficio común: infraestructuras, educación, salud, pensiones, y tantos otros servicios públicos de los que nos enorgullecemos cuando funcionan, y nos indignamos cuando no.

Bueno, ésto es la perspectiva europea más común; sus parientes americanos tienden a tener una visión más individualista de la sociedad, y ofrecen mayor resistencia a que el “Estado” se inmiscuya en sus asuntos privados, especialmente, a pagar impuestos.

Y así, lo que sucede, es que lo privado se solapa con lo público, y quien pueda pagar un servicio o prestación determinados, lo disfruta (y generalmente, de muy buena calidad); y quien no, pues forzado a usar la alternativa pública, normalmente, bastante mediocre.

En sí, el sistema no es ni mejor ni peor que el europeo, si bien se basa en dos premisas:

- la primera, es la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, cuyo promedio en este país es (aún, y no sabemos por cuánto) bastante alta. La contrapartida es que hay casi cincuenta millones de personas por debajo de esa renta media, y que por tanto se ven abocados a ser usuarios de servicios de una calidad muy lejana de la de quienes sí se la pueden costear.

- la segunda, es que hay servicios que ni siquiera tienen alternativa privada, probablemente porque no son rentables; y como la financiación pública, merced a esa resistencia feroz a los impuestos, es escasa, pues o bien se reducen esas prestaciones, o directamente, se obvian.

Por ejemplo, las carreteras: hay una red magnífica de carreteras públicas. Pero como el mantenimiento no debe de ser muy rentable, a veces hay puentes (por poner un ejemplo) en estado de ruina inicial. Pero a la gente no parece molestarle; o menos que pagar un poquito más de impuestos para que se conserve bien. Y si ese puente se va al garete, pues….también existen las “turnpikes” de peaje, y si me lo puedo permitir, la usaré, y al vecino, que le zurzan.

O incluso el Ejército; el gasto de Defensa en este país es, sobra decirlo, descomunal; y con tantas guerras quijotescas, ha generado un boquete en el presupuesto que nadie sabe cómo ni cuándo se va a pagar. Y si hay algo que a todo americano llena de orgullo es su potencial bélico, aunque les lleve a la quiebra, o absorba recursos que quizá se podrían dedicar a mejores escuelas u hospitales públicos. O pensiones. Pero, total, si estos servicios tienen mejores alternativas privadas….para quien se las pueda permitir. Y a quien no, pues que hubiera sido más “succesful”. Por cierto, que hasta facetas militares se privatizan; véase “Blackwater”.

Y por no hablar del transporte público en este país (cuando existe), simbolizado por el Metro de NY, que en su día, en los albores del siglo pasado, debió de ser la bomba, pero que ahora de pena, asco y miedo. Pero a la gente no parece ni importarle y lo seguirán usando hasta que se hunda, y luego….bueno, se verá.

Todo ésto es una reflexión previa para comentar la historia absolutamente verídica de un clavo que me persigue con una tenacidad y fiereza digna de los antiguos íberos.

Nos conocimos un lejano día de Septiembre, recién aterrizados en esta ciudad, cuando decidimos disfrutar el atardecer dominical dando un paseo por la playa de Cayo Vizcaíno, uno de los barrios residenciales más selectos de Miami. Entre la arena blanca, y probablemente traspuesto por los arrumacos del Caribe, anidaba El Clavo, que a modo de presentación, decidió insertarse en la planta del pie de mi esposa. Pudo haber sido alguno de las decenas de otros clavos que posteriormente fuimos descubriendo en la playa, diseminados cual epidemia, pero limitamos la investigación para acabar nuestro fin de semana en Emergencias (por supuesto, privadas).

¿Y qué hacen clavos tirados en una playa? ¿Por qué no se limpia periódicamente para evitar estas cosas? ¿Será porque cuesta dinero, y al fin y al cabo, las playas públicas, incluso en las zonas más privilegiadas, las usan quienes no tienen acceso a piscinas o incluso playas privadas?

Varios meses pasaron, nuestras vidas tomaron caminos divergentes, y otro Domingo, pero éste de Primavera, decidí darme un garbeo en la Vespa, con mis bermudas y jersey anudado al cuello. Bien, pasados unos minutos, la moto empezó a culear y me lo temí. Pinchazo terminal, estocada media y muerte de la rueda sin descabello. Caramba, lo que nunca me ha pasado en España, en dos décadas de Vespino y Vespa. Afortunadamente, mis contactos en el barrio cubano me permitieron salir airoso de la situación, y a buen precio.

Pasaron algunas semanas, y meses, y llegó el verano, tórrido y húmedo, tropical y cruel. Ya familiarizado con los horarios habituales de las tormentas, un Sábado por la tarde salimos a recorrer Coral Gables en la Royal Enfield. Y una vez más, por resumir, la moto empezó a resbalar en la trasera, mi mujer se tuvo que volver andando a casa, y de milagro encontré el taller del argentino donde dejar la moto en depósito el fin de semana hasta que el Lunes compré la cámara nueva. El diagnóstico: “ché, tenía dentro un clavo que la reventó, boludo”.

Y el caso es que no debió de deshacerse de El Clavo, pues la semana pasada noto en el coche un balanceo en el volante, y la rueda algo baja. Bien, como hace meses que no echo aire, procedo y asunto solucionado. Hasta que ayer bajo al garaje y veo que la llanta está más en el suelo que en la goma, y veo que hay una piedrecita incrustada en la misma. “Pero mírame más de cerca, que soy yo, El Clavo, lo que ves no es un canto, sino mi cabeza”.

Menos mal que, escarmentado y avisado, ya me había yo comprado un bote de espuma para reparación momentánea de pinchazos; vuelta a la zona de los cubanos, donde el paisano del taller diagnostica: “nada, ésto te lo poncheo por sinco pesitos…es muy común, toda la calle anda llena de clavitos”.

Aquí sí que vi cómo el cubano te tiraba a la basura, así que espero no verte más, a pesar muchas de las calles de Miami estén llenas de restos, residuos o basuras, que no son rentables de recoger. Hay que ahorrar por si lo de Irán….

(1) La famosa Curva de Laffer, hecha en una servilleta, establece que a más impuestos hay más recaudación hasta que se llega a un punto de inflexión en el que la tendencia se invierte de modo simétrico. Lo que pasa es que Laffer nunca dijo cuál era ese punto….

PD: mientras lo he escrito, me he dado cuenta de que El Clavo ha atacado en todas y cada una de las estaciones del año, además de a nuestros 3 vehículos (y por supuesto, a mi Señora). Tal meticulosidad indica un origen probablemente germánico, intuyo.

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La Boda Judía: descripción y (mis) conclusiones.

Como había prometido hace cosa de un par de meses, voy a explicar, someramente, cómo es el ritual de una boda judía.

DESCRIPCIÓN

Antes de comenzar la ceremonia propiamente dicha, los novios firman la KETUBAH, el contrato matrimonial, también suscrito por dos testigos. Este documento explicita los derechos y responsabilidades mutuas de la pareja, y tras su formalización, ambos son escoltados por sus padres, de modo similar a la boda católica, a la CHUPPAH; la “chuppah” toma el lugar de nuestro altar, y es una especie de dosel o palio cuadrado hecho de tela,  que representa el hogar que la futura pareja va a construir en común, y que está abierta en sus cuatro lados para simbolizar la hospitalidad incondicional de la nueva familia a los visitantes.

Las BENDICIONES nupciales marcan los esponsales o compromiso nupcial, y la fusión de ambos contrayentes en uno solo y con Yahvé; tras ser éstos recitados, en unos preciosos cánticos en hebreo, la pareja toma su primera copa de vino, intercambian sus anillos y votos rituales, y el matrimonio deviene en oficial.

Acto seguido, se recitan unos salmos llamados SHEVA BRACHOT, o “siete bendiciones”, y – ésto es muy importante – esto se hace acompañado de una segunda copita de vino, que recibe una de estas siete bendiciones (llamada KIDDUSH), además de otras dedicadas al Señor como creador del mundo; a los recién casados; a la comunidad a la que pertenecen etc etc

Bien, el Rabbi presenta a la pareja como recién casada y llegamos al episodio más conocido de las bodas judías: aquél en el que se coloca un vaso en el suelo y el novio (ya marido) lo rompe con el pie. Hay varias explicaciones para esta costumbre, una de las cuáles es reafirmar el carácter definitivo y permanente del enlace, análogo a la situación irrevocable de un vaso hecho añicos. Sea cual sea el origen real, lo cierto es que la ceremonia termina en este momento con el grito, y deseo, unánime de los presentes hacia la pareja; el conocido MAZEL TOV (buena suerte).

 

CONCLUSIONES:

1- La practicidad material de los judíos: la ceremonia es rápida, apenas veinte minutos, y no requiere ser hecha en una sinagoga (la boda que relato se hizo en los salones de un hotel), lo que facilita mucho la logística.

2 – La practicidad espiritual de los judíos: yo siempre he pensado que por qué era sólo el cura el que bebía vino en las ceremonias católicas, más aún en la celebración de una boda, en donde no es él el protagonista; y si hay alguien que necesita un vinito para templar los nervios, son los novios. Bueno, pues los judíos no uno, sino dos vasitos, para que todo vaya bien y queden las emociones templadas.

Y dicho lo cuál, casados quedaron, y emplazados a tener hijos, pues, y ésto es importante, la condición judía se transmite por la mujer, no por el hombre, y por lo tanto la presión reproductiva es si cabe mayor que entre otros colectivos. Pero de ésto ya hablaré, si toca , en el futuro…..

 

 

 

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Deo Gratias

La fiesta (familiar) más americana es sin duda la de Thanksgiving, o Acción de Gracias, en la que todas las familias se reúnen para cenar (aunque sea las tres de la tarde), entre otras cosas, su pavo, el último Jueves de cada Noviembre.  Y lo hacen sin distinción de origen étnico o religión, y es por éso por lo que hace de este día el de mayor congestión en los aeropuertos y carreteras, y la festividad preferida por encima de otras de índole religiosa, como la Navidad cristiana o el Passover judío.

Ese día el (o la) jefe de familia entona una pequeña plegaria agradeciendo la salud y hacienda familiares, así como la oportunidad de estar todos juntos otra vez; y se recuerda a quienes ya no están presentes. Y así se honra y conmemora a los primeros peregrinos que llegaron a este país (y añado yo: primeros peregrinos anglosajones), en el origen de esta celebración.

Además del pavo, hay otras dos grandes tradiciones en este Día de Acción de Gracias, menos conocidas en España:

- la primera, es el fútbol americano; todos los días de Acción de Gracias juegan los Packers contra los Lions, tradición a la que se han sumado otros partidos, que congregan a los hombres de la casa alrededor de la TV mientras las mujeres preparan el menú (nota: ni apoyo ni tergiverso ésto; únicamente anoto lo que es el denominador común).

- la segunda comienza a la medianoche en que el Thanksgiving da paso al Viernes. Hasta no hace mucho, esta segunda tradición empezaba bien entrada la madrugada, o incluso la mañana, pero ya se sabe que, los americanos, para cosas de dinero son especiales, y más en tiempos apretados como los que vivimos. Y así, tenemos el “Black Friday”, que suena a grupo-tributo a Black Sabbath o a día de revueltas en el Ulster; pero que se trata del día de mayor ventas en el comercio de EEUU. Por buscar una analogía, pensemos en el día 7 de Enero, esas mega rebajas en donde la gente espera toda la noche en la puerta del Corte de Preciados para asaltar esas montañas de camisetas y sujetadores a mitad de precio; o comprar esa batidora de tres cabezales, que nunca vamos a usar, con un descuento del 60%. Pues éso es el Black Friday, un día familiar de compras desaforadas, de gangas atractivas, y que tradicionalmente equilibraba los libros de contabilidad de los comercios cara a final del año fiscal…..y de ahí, al poner los números en negro (del rojo), viene el nombre de esta tan norteamericana efeméride.

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Miami Vice

Pocas veces una serie o película ha moldeado tanto la imagen exterior de una ciudad como “Corrupción en Miami”, que además, montada en la ola de la MTV de los ochenta, introdujo un nuevo lenguaje visual en las teleseries, con un impacto aún duradero.

Si pensamos en “Miami”, cómo no visualizar cochazos de lujo, edificios pastel, playa con cachitas y recauchutadas, mansiones coloniales, rollo latino, tráfico de estupefacientes, o palmeras; todo ello, existente, fue de algún modo patentado por una serie (un fenómeno) que sacó el máximo partido a una ciudad con una fachada deslumbrante y escasa, y un patio trasero menos “glamouroso”.

Cierto es que muchas cosas no resisten bien el paso del tiempo; sobreactuaciones, tramas previsibles, tiroteos inverosímiles, el mero hecho de que a un poli le den Ferraris como coche de compañía, guiones repetitivos, los modelitos de los actores…. Pero aún así, y con todo, sigue siendo muy entretenida de ver y se comprende la repercusión que tuvo entonces y su influencia futura (aún recuerdo esas tardes de verano en las que la hora de vuelta de la playa y las de salir a dar una vuelta estaban condicionadas por el horario del capítulo, que por supuesto comentábamos con pasión adolescente).

Pero lo que más estoy disfrutando en esta revisión de sus cinco temporadas es de su buen gusto, de su elección casi visionaria de actores secundarios y de la música para las escenas claves. Jovencitos semi desconocidos como Liam Neeson, Laurence Fishburne, Steve Buscemi, Bruce Willis o el calvo de “Lost” tuvieron la oportunidad de dar brillo a su curriculum con papeles en la serie de moda. También cameos ilustres, como Phil Collins, Sheena Easton o Willie Nelson.

Y bandas ya entonces muy potentes como Bon Jovi, U2 o Depeche Mode (además del citado ex batería de Genesis) prestaron temazos como “Fly on the Windscreen” para acompañar a Sonny Crockett (alias Burnett) y Ricardo Tubbs (o Rico Cooper)  en sus rallyes urbanos por Brickell, Cayo Vizcaíno, o el puente que conduce a Miami Beach.

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¡¡¡ Indignated !!!

¿Vivimos el final de los tiempos modernos? ¿Cae Occidente mil quinientos años después de Roma, y resucita el peligro amarillo?

Todo lo indica…..las potencias occidentales en bancarrota, pedimos ayuda a los árabes y chinos, nuestra demografía y la emigración van a implosionar la sociedad que hemos conocido, la Economía vuelve a tocar suelo, gobiernan los banqueros, gobernantes elegidos por sus ciudadanos son destituidos en favor de tecnócratas, las proyeciones futuras de crecimiento son un tobogán cuesta abajo para el ramillete de países que han perfilado el planeta en el último milenio, en favor del despertar de Asia, disturbios en las calles, gente sin empleo ni futuro, la especulación, oscuros y ocultos grupos de presión deciden….

If this is the end of the world as we know it? Let´s occupy Wall Street  !!

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Día de partido

Ya he comentado anteriormente que los cuatro grandes deportes profesionales en EEUU son el Fútbol Americano, el Beisbol, el Baloncesto y el Hockey Hielo. Por cierto, que estas Ligas, excepto la primera, son compartidas con Canadá.

Ayer, uno de los equipos más históricos de hockey hielo, los Philadelphia Flyers, visitó a los mucho más modestos Florida Panthers, franquicia relativamente nueva y que, merced a su implantación en un Estado donde este deporte es casi tan exótico como en las Canarias, aún tiene pocos seguidores y por éso sus precios son muy asequibles. Voilá un buen plan de Domingo.

Tras casi una hora de coche, llegamos al moderno Bankatlantic Center. Primeras diferencias con el deporte en Europa. Las aficiones conviven pacíficamente, en un ambiente festivo donde muchos coches en el parking se dan al “tailgating”: una especie de picnic con barbacoas y cerveza Miller Lite. Además, los alrededores del estadio son un más bien una Feria de Consumo: tenderetes con promociones, carpas de diferentes marcas, azafatas, degustaciones, juegos infantiles, tiendas oficiales de productos relacionados con el equipo y el partido, cheerleaders sacándose fotos con la gente….

Una vez dentro del pabellón, (que más bien parece el Pryca de Hortaleza, con sus escaleras mecánicas y ascensores), el panorama es muy similar al exterior: más promociones, más azafatas, más fotos de recuerdo, más stands de recuerdos asociados al equipo…y sobre todo, abundantes puestos de comida rápida, refrescos y cerveza, puestos que juegan un papel central en estos eventos deportivos. Y es que, tras haber visto fútbol, baloncesto y hockey, creo que lo que ocurra en la cancha es lo de menos. La gente no va sólo a ver un partido, que es la excusa para pasar un día fuera del salón de casa o del Centro Comercial de turno; es una coartada para pasar el día en familia, o con los amigos. Y si el espectáculo deportivo acompaña, bien, y si no, hay muchos otros alicientes para divertirse.

Por ejemplo, ya lo he mencionado, la comida (se puede elegir el adjetivo: rápida, basura o grasienta), que se caracteriza por 1) raciones exageradas (tipo “Supersize Me”), 2) la bandeja te la llevas tranquilamente a tu grada, 3) un olorcillo inconfudible a….poco saludable y 4) sus portadores suelen llevar gorrita y bastantes kilos de más.

Pero sobre todo, es ese concepto tan americano del “show”; los efectos de luz y sonido pre-post-durante partido; ese animador por los altavoces (necesario, pues entre bocado y bocado la gente anima más bien poco); el himno al comienzo del partido; los tiempos muertos pedidos por las televisiones en los que las cheerleaders lanzan camisetas al público; los tiempos muertos de los múltiples patrocinadores, y en los que realizan concursos bastante pintorescos (como rodearse de un rollo de papel higiénico en menos de medio minuto, o adivinar la hamburguesa favorita del portero); el público disfrazado, o con carteles, o directamente haciendo el simio para salir unos segundos en los video marcadores; la (magnífica, si te gusta el rock de hace un par de décadas) selección de temas musicales que acompañen el momento del partido o motiven a los jugadores (quienes en varias ocasiones deben esperar a recomenzar el partido hasta que las promociones terminen) etc etc.

Pero la verdad es que, si a uno le interesa el deporte, y se anima a participar en cierta medida del espectáculo, es hasta divertido, y se pasa rápido, y sobre todo bien. Eso sí, un pequeño truco: como a estos estadios no suele haber transporte público, se montan buenos atascos a la salida, así que salvo que el partido sea muy reñido, salir unos minutos antes ahorra un par de horas….salvo que prefiera uno esperar a que el tráfico se disipe con un último perrito caliente o mini-container de palomitas….

PD: ¿y el partido qué tal? Pues a pesar de que ambos equipos fallaron más que una escopeta de feria, hubo de todo lo que se espera en estos partidos; goles, un penalty, una pelea, emoción hasta el final y….ganó mi equipo, claro.

PD 2: Por cierto, mi afición por los Flyers se debe a uno de sus más legendarios jugadores, capaz de lo mejor y peor de este deporte, Ron Hextall.

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